Concurso Club Social Tegucigalpa

El concurso pedía un club; la respuesta fue una regla. En lugar de fijar una forma, el proyecto define un módulo triangular del que dependen la estructura, el espacio, la piel y el acabado, y una segunda retícula de cuatro por cuatro pies que ata esa geometría a la medida industrial de los materiales. La consecuencia es un edificio que puede crecer, reducirse o reordenarse sin perder identidad, y que no produce desperdicio porque nada se corta para caber. La forma deja de ser el argumento: lo es el sistema que la genera.

El predio es un triángulo entre el río y la carretera. Que la geometría del terreno y la del módulo coincidan no es coincidencia sino método: el proyecto no se posa sobre el sitio, lo continúa. El edificio se recuesta junto al acceso y cede el resto del terreno al paisaje y al juego; el viento y la pendiente terminan de fijar su posición. Lo construido trabaja como borde, no como objeto.

Adentro no hay cuartos, hay continuidad. La planta baja se disuelve para que la vista atraviese el edificio y el jardín entre en él, y todo el conjunto se ordena alrededor de un vacío: la plaza central, con la alberca y el asoleadero, es el verdadero programa del club, que no es una suma de instalaciones sino un lugar donde estar juntos. La celosía triangular hace explícita la regla al convertirla en piel: la misma pieza ventila, cierra o ilumina según lo que el muro necesite. De ahí una arquitectura atemporal antes que de moda, donde lo artesanal y la técnica más reciente son el mismo gesto y lo local se deja ver y sentir.

Autores: Pascal Arquitectos.

Fecha: 2014

Visualización: Osvaldo Shmid

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